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presentación de María

La Presentación de María

El 21 de noviembre, fiesta de la Presentación de María, ha sido por muchos años una fecha muy querida en el calendario pasionista. Pablo de la Cruz soñaba con ser revestido en su negra túnica penitencial en esa fecha en 1720. Sucedió que la ceremonia se llevó a cabo el día 22, pero la congregación de Pablo ha mantenido su devoción a esta fiesta.

No sorprende entonces, que el padre Gaudencio Rossi haya elegido al 21 de noviembre, 1852, para que Elizabeth Prout y sus primeras compañeras recibieran sus hábitos religiosos. Dos años más tarde, Elizabeth y sus cinco compañeras restantes , pronunciaron sus votos religiosos el 21 de noviembre.

Es al día de hoy, que la actual generación de Hermanas de la Cruz y Pasión, continúa renovando sus votos en este día.

Sin embargo, confieso que siempre he sentido cierto disgusto por la leyenda asociada con esto a fecha: los padres de María la llevaron al Templo de Jerusalén cuando tenía tres años y fue dejada allí para que recibiera una educación apropiada para su futuro rol como madre del Señor. La historia surge del Protoevangelium de Santiago confeccionado en el año 200. La historia no cuenta con credibilidad histórica. El Templo, dominio del sacerdocio judío masculino, hubiera sido un lugar por demás poco apropiado para una joven niña. Para los contemporáneos de Maria, esta historia hasta podría sugerir el rol de una sacerdotisa pagana o prostituta del templo.

Sin embargo,mi disgusto no surge del carácter poco histórico de la historia, pero por su elitismo. La implicación es que una a quien el ángel proclamó « llena de gracia» debiera necesariamente surgir de un ambiente protegido, de exclusividad y privilegio. ¡Qué contraste con la María que vemos en el Evangelio!

La vida de María es tan abiertamente sencilla que sus vecinos dicen de Jesús:« ¿De donde obtuvo todo esto? ¿ Con qué sabiduría está dotado? ¿ Cómo puede ser que de sus manos vengan tantos milagros? No es acaso el carpintero, el hijo de María? ( Marcos 6: 2-3.)»

Sin embargo, a pesar de sentimientos tan negativos, debo reconocer que la esencia , el corazón de la fiesta está donde debe estar. Celebramos el amor de Dios por María, y su íntegra respuesta a ese amor. Realmente vivió en íntima relación con su Dios desde el comienzo de su existencia. La leyenda será apócrifa, pero la historia de la fiesta en si, sugiere que viene de una genuina introspección teológica. La observación pareciera haberse originado en la Iglesia de Santa María, la Nueva, construida en 543 por el Emperador Justiniano I muy cerca del destruido Templo de Jerusalén. Es decir, proclamó que María misma fue el verdadero Templo de Dios , como ciertamente lo somos todos nosotros.

Tal como escribiera Pablo VI en su encíclica Marialis Cultus, publicada en 1974, « a pesar de su contenido apócrifo, señala valores y continúa las venerables tradiciones de la Iglesia Oriental».

El 21 de noviembre es ciertamente un día apropiado para renovar nuestro compromiso con el Señor y con nuestra Congregación.

Sister Mary O ‘ Brien. CP

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