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Santa Cecilia, una santa de los primeros tiempos

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Siete mujeres han sido reconocidas como nuestras santas compañeras de los primeros tiempos en la Primera Oración Eucarística: Felicitas, Perpetua; Ágata, Lucia; Inés, Cecilia; Anastasia.

Cuando cursaba la escuela primaria, en Narrangansett, Rhode Island, en la biblioteca había una maravillosa colección de biografías para niños. Tenían tapas color naranja y eran sobre grandes americanos como Abraham Lincoln, Clara Barton, Abigail Adams, PT Barnum, el General Grant; Tomas Edison y Harriet Tumban. Amaba a esos grandes hombres y mujeres que pugnaron para que sus sueños se hicieran realidad. Me inspiraban y se convirtieron en mis amigos y maestros: quería ser como ellos.

Cuando tenia 10 años, me regalaron una biografía de Santa Teresa de Lisieux que leí varias veces y llegué a la conclusión que probablemente no me hubiera gustado. Más adelante, tuve un sentimiento similar leyendo la vida de otras santas. No me podía vincular con ellas.

El Rol de las mujeres santas

Últimamente, sin embargo, encuentro a sus historias más irresistibles de lo que jamás hubiera imaginado.

Ciertamente, nuestros tiempos muestran el declive del interés en los santos. Es una pérdida, creo, y las mujeres en especial pierden algo cuando “los santos salen marchando” (y no entrando como dice la canción). La razón es que María y otras mujeres santas presentan la cara femenina de la Iglesia y facilita a las mujeres conectarse a la Iglesia como mujeres. Tienen un rol importante en la comunión de los santos, porque, a través de ellas, es uno de los grupos más inclusivos o categorías dentro de la Iglesia. Abierto a todos. Nadie esta desclasificado, ni siquiera las mujeres. Así es que debemos seguir contando las historias de las mujeres santas.

Cecilia, mártir de los primeros tiempos.

ceciliaUna santa de las épocas tempranas que encuentro fascinante es Santa Cecilia, una mártir romana del siglo 3. La iglesia de Santa Cecilia en Trastevere en Roma, está construida arriba del palacio y casa eclesial que pertenecía a Cecilia y su esposo Valerio, y que fueron legadas a la Iglesia luego de su martirio. La vida de Cecilia es particularmente relevante hoy cuando tantas personas se valoran a sí mismas y a los demás por su riqueza material y posición social.

Cecilia era una joven patricia. Estaba casada con un pagano llamado Valerio, también perteneciente a la clase alta y muy rico. Posiblemente ambicionaba una carrera brillante en el gobierno que quizá culminaría con un lugar en el Senado Romano. Eran el equivalente Romano a una “pareja yuppie”, queridos y admirados por su juventud, belleza, riqueza y posición social. Lo que les sucedió, seguramente desconcertó a mucha gente en Roma.

Donando sus Posesiones

Lo frescos en la iglesia de Trastevere cuentan su historia. Cecilia convirtió a su marido a la fe Cristiana. Tanto Valerio como su hermano Tiburcio recibieron el bautismo y comenzaron a practicar su Cristianismo muy abiertamente.

ceciliaEn El Cuerpo y Sociedad, Peter Brown escribe que los primeros cristianos estaban muy preocupados de que el frágil y mortal cuerpo pudiera convertirse en un confiable receptáculo del Espíritu de Dios, aun a la cara de tortura y muerte. Los frescos en la Iglesia de Santa Cecilia y otras iglesias Romanas que honran santos, los muestra donando sus posesiones, y sugieren que esta era una forma en que la gente se preparaba para un posible martirio. Tiene sentido. ¿Si no puedes despojarte de tus cosas, cómo vas a desprenderte de tu vida?

Creo que Cecilia y Valerio aprendieron esto mientras se despojaban. Descubrieron que no se habían perdido a sí mismos. Sus posesiones no los definían. Seguían siendo Cecilia y Valerio.

El público testimonio de la Cristiandad de Cecilia y Valerio, les trajo consecuencias inevitables. Valerio y su hermano fueron arrestados. Se negaron a sacrificarse a los dioses y fueron ejecutados. Cecilia desafió a la ley Romana para enterrarlos. Perder a su esposo fue otro paso en el camino de Cecilia hacia su auto definición. Su marido no la definía. Seguía siendo Cecilia.

El ultimo fresco en la Iglesia de Santa Cecilia muestras el martirio de la propia Cecilia. Su martirio en si fue testimonio de la persona en la que Cecilia se había convertido y de lo que siguió haciendo aún después de la muerte de su esposo. Como fue martirizada sugiere que el pueblo la tenía en alta estima.

Los romanos eran bastante tolerantes hacia otras religiones en la medida que no amenazaran al orden público. Las practicas privadas de la gente, no les interesaban. Los Cristianos entraron en conflicto con la ley Romana porque se negaban a participar en el culto público al emperador haciendo sacrificios en su honor (quemando incienso). Los Romanos veían esto como un acto de deslealtad al Estado. Generalmente, sólo los hombres debían practicar este ritual. Las mujeres no tenían ningún rol público en la sociedad Romana así que todo lo que hacían era considerado un acto privado. Las mujeres debían rendir cuenta públicamente sólo si su comportamiento salía del ámbito del hogar y familia y actuaban en la esfera pública.

Inés, otra santa y romana de los primeros tiempos, no fue ejecutada por ser cristiana. Fue ejecutada por violar la ley que obligaba al matrimonio. Cecilia debió haber sido una verdadera amenaza a los ojos de los Romanos cuando continuo practicando su fe cristiana en público. La comunidad cristiana seguía reuniéndose en su casa. Seguía proveyendo a los pobres en Trastevere, ganándose su amor y respeto y amenazando al control que tenía el Estado Romano, dueños del pan y circo, en su lealtad.

Cecilia era tal amenaza, que el prefecto Romano mandó un grupo de soldados a atravesar el rio Tiber, y transitar esas angostas calles, llenas de curvas de Trastevere para arrestarla en su casa. Cuando se negó a sacrificarse a los dioses, fue sofocada en su propio baño.

ceciliaLos millonarios romanos muchas veces tenían baños privados con bañeras termales de agua caliente, tibia y fría. ( baños con calidarium, tepidarium, frigidarium .) A Cecilia la encerraron en el de agua y vapor caliente por tres días, pero sobrevivió. Entonces fue decapitada en su propio hogar. Su ejecución privada evitaba las demostraciones públicas a su favor.

Cecilia fue enterrada en las catacumbas de San Calixto. Alrededor del año 820 sus restos fueron removidos de las catacumbas por el papa Pascual I y fue re- sepultada en su iglesia en Trastevere. La iglesia fue reconstruida en Trastevere. En ese tiempo, se abrió la tumba de Santa Cecilia y se encontró que su cuerpo estaba incorrupto. Su cuerpo estuvo expuesto en la iglesia y muchos Romanos la vieron. Pero su cuerpo rápidamente empezó a desintegrarse por el contacto con el aire. El escultor Maderna fue encargado de hacer una estatua de mármol de tamaño humano, recostada sobre su derecha, las rodillas recogidas, como si estuviera durmiendo. Sus manos evidencian la declaración de fe de Cecilia . El dedo índice de la mano izquierda está extendido en muestra de su creencia en un solo Dios. Tres dedos de la otra mano están extendidos por la Trinidad. Hoy, esa estatua puede verse en el altar mayor de su iglesia. Se puede encontrar una réplica en el lugar original donde Cecilia fue enterrada en las catacumbas.

El ejemplo de Cecilia es desafiante, aún hoy. Su historia nos invita a mirarnos y preguntarnos ¿qué podemos perder y seguir siendo íntegros?  Cecilia se encontró a sí misma no en sus posesiones, posición social, o aún en su esposo, pero en Cristo. Y nadie podía sacarle a Cristo.

Cecilia ha sido miembro de la comunión de los santos por mucho tiempo. Pero aún vale la pena llegar a conocerla. La comunidad de los santos es un símbolo cristiano que habla de una relación profunda. Una comunidad verdadera es una “comunidad de memoria”, una que no olvida su pasado. La memoria y esperanza de la comunidad cristiana de fe están basadas en la narración fundacional de la Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Entretejida con esta historia están las vidas de incontables mujeres y hombres que en gran cantidad han respondido al llamado del Espíritu al discipulado. Desconectarnos de estas vidas, como la de Cecilia, debilita la habilidad de la Iglesia para inculcar los valores del Evangelio y a empoderar a sus miembros a lograr la integridad en Cristo. Significa que nuestras hijas, nietas y sobrinas, son privadas de una relación con mujeres que podrían enseñarles cómo ser fuertes y centrarse en Cristo.

Hermana Mary Ann Strain, C.P.

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